Una historia familiar nacida en la Cerdanya

Nuestra historia comienza mucho antes de la fundación de Làctics Llívia.

Nuestros abuelos eran ganaderos en Estoll, un pequeño pueblo de la Cerdanya, donde ordeñaban sus vacas cada día. Durante muchos años, la leche de su explotación fue la base de nuestros productos y nos permitió crecer rodeados de la cultura y las tradiciones ganaderas de nuestra comarca.

 

Con el paso del tiempo, las dificultades del sector y la falta de relevo generacional llevaron a nuestro tío a tomar la difícil decisión de dejar de ordeñar. Aun así, nunca quisimos perder el vínculo con nuestros orígenes. Por eso, hoy seguimos trabajando con leche fresca procedente de granjas de la Cerdanya, apoyando a los ganaderos locales y manteniendo nuestro compromiso con el territorio.

El nacimiento de un proyecto

Nuestro padre siempre estuvo ligado al mundo de los lácteos. En 1997, tras sufrir un grave accidente de moto que cambió su vida, decidió emprender un nuevo camino y empezar a elaborar yogures y mató de forma artesanal.

Los primeros productos se elaboraban en las instalaciones de la Formatgeria de Llívia. Con mucho esfuerzo, dedicación y pasión por el oficio, el proyecto fue creciendo poco a poco hasta que aquel espacio se quedó pequeño.

Creciendo sin perder nuestra esencia

A medida que aumentaba la demanda, llegó el momento de dar un paso adelante. Nuestro padre adquirió una nave en Llívia, donde todavía hoy elaboramos todos nuestros productos.

Durante aquellos años, nuestros lácteos se comercializaban bajo el nombre de "La Formatgeria de Llívia". Sin embargo, muchos restaurantes y establecimientos eran reticentes a vender productos que llevaban el nombre de otro negocio. Por este motivo nació una nueva marca: Làctics Llívia.

Este cambio nos permitió seguir creciendo sin renunciar a nuestros valores, manteniendo la misma calidad, la misma elaboración artesanal y el mismo compromiso con nuestros clientes.

Una nueva generación

Después de toda una vida dedicada al mundo de los lácteos, nuestro padre se ha jubilado. Hoy soy yo, su hijo, quien tiene el privilegio de continuar este proyecto familiar.

Mi objetivo es mantener vivo el legado construido durante más de veinticinco años, conservando la esencia que nos ha acompañado desde el primer día: el respeto por la materia prima, la elaboración artesanal, el compromiso con la Cerdanya y la pasión por las cosas bien hechas.

Mirando al futuro

Hoy seguimos elaborando nuestros productos en Llívia, utilizando leche fresca de la Cerdanya y respetando los procesos tradicionales que nos han definido desde nuestros inicios.

Cada yogur, cada mató y cada flan que sale de nuestro obrador es el resultado de una historia de esfuerzo, tradición familiar y amor por nuestra tierra.

Gracias por formar parte de nuestra historia.